El tractor del señor Pepe

A algunos chicos de las Casas Baratas les asustaba el sonido del tractor que conducía mi padre. El motor se oía desde lejos y nos ponía en aviso cuando venía por la Plaza de Abastos o por la carretera de Zarza. Era para nosotros como la sirena de la fábrica de Chaparro para sus trabajadores. Anunciaba la hora de comer. Las calles se llenaban de hombres y mujeres que volvían del trabajo para el almuerzo y alguna cabezadita en el sillón, y se vaciaban de niños.
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